La rutina a bordo de las rutas de TRAE en una ciudad que no se detiene al paso de un autobús escolar

A las 6:00 de la mañana, el calor ya comienza a sentirse en las calles. En las paradas, niños con mochilas esperan la llegada de las guaguas del Sistema Nacional de Transporte Estudiantil (TRAE). Algunos todavía tienen cara de sueño; otros juegan, conversan o corren de un lado a otro.

Cuando la guagua llega, todo cambia de ritmo. Los niños se acercan, suben y buscan un asiento. La auxiliar los recibe, les indica dónde colocarse y les recuerda que deben abrocharse el cinturón.

Desde las ventanas se ve cómo la ciudad comienza a despertar. El tránsito aumenta, los motoristas se mueven entre los vehículos y, en cada parada, aparecen nuevos estudiantes. La guagua, que al principio llevaba pocos pasajeros, va llenando poco a poco sus asientos.

No hay un autobús asignado para cada escuela. Estos funcionan por rutas y pueden recoger estudiantes de distintos centros educativos ubicados en un mismo sector.

Dentro, los niños conversan, juegan y miran por las ventanas. Algunos se inquietan y se levantan de sus asientos, por lo que la auxiliar Jenny Guzmán debe estar pendiente de ellos durante todo el trayecto. Guzmán, que pertenece al Distrito Educativo 15-03, conoce bien esa rutina.

 

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