El Metro de Santo Domingo, el más moderno e importante sistema de transporte masivo del Gran Santo Domingo, esconde sobre sus rieles una problemática que rara vez sale a la luz pública: el deterioro progresivo de la salud de sus conductores.
Pocos ciudadanos se imaginan el costo en salud que significa movilizar diariamente hasta 300,000 personas. Los conductores sí lo saben y lo padecen en silencio para garantizar el empleo.
Las principales lesiones son musculoesqueléticas. Diversos testimonios de trabajadores revelan un patrón preocupante de lesiones físicas, especialmente en el hombro derecho, asociado a las condiciones laborales dentro de la cabina de conducción.
Según relatan, hasta 8 de cada 10 conductores desarrollan algún tipo de afección en esta zona, principalmente relacionadas con el manguito rotador o procesos inflamatorios como la bursitis.
El diseño de la cabina es señalado como uno de los principales factores de riesgo. El asiento se encuentra separado del panel de control, lo que obliga al conductor a mantener una postura forzada del brazo para manipular la palanca de aceleración y frenado.

