Desde que mostraron sus primeras imágenes, Crimson Desert ha copado todas las miradas del mundo gamer. Sus gráficos ultrarrealistas y coloridos, su mundo inmenso lleno de vida y casi todas las mecánicas de acción que un buen amante de la aventura podría soñar. Y el juego es eso y mucho más, porque también es excesivamente ambicioso y caótico, pero con el potencial de ser una experiencia legendaria.
Crimson Desert (Playstation 5,Xbox series,Steam) es una obra enorme que no va a dejar indiferente a nadie por sus contradicciones. Es frustrante y deslumbrante al mismo tiempo, divertida e inabarcable, con multitud de errores por pulir pero disfrutable al máximo desde el primer instante.
La desarrolladora coreana Pearl Abyss ha intentado que su juego sea lo más grande posible y para ello ha intentado replicar las virtudes de leyendas de los videojuegos como GTA, Zelda, Elder Scrolls Skyrim o Red Dead Redemption, creando el mayor mundo abierto posible lleno de criaturas y razas mágicas, gráficos y detalles fotorrealistas, acción y batallas enormes, puzles, interacción y centenares de misiones.
Un mundo mágico lleno de vida
En esa búsqueda de la perfección ha tropezado con su propia ambición y, a falta de las habituales mejoras y parches en un futuro, presenta un resultado final sin pulir: el control es frustrante, el título, en general, poco intuitivo, su dificultad por momentos artificial, los rompecabezas algo inconsistentes y su desarrollo confuso y algo desesperante.
Captura del mundo de Pywel en “Crimson Desert”, un universo abierto que combina exploración, combate y múltiples actividades en un entorno de alto nivel gráfico.
Pero el mundo que recrean, Pywel, es absolutamente embriagador e interactivo. Explorar, pasear, conocer, descubrir, perderse en una enormidad, visitar cada una de las regiones, a lomos de un caballo, robots, un oso o volando sobre un dragón, conocer sus diferentes razas o recorrer sus bulliciosos pueblos y ciudades es una experiencia inigualable y merece la pena con creces.

