Cuanto más sofisticado es un producto, más fácil resulta perder de vista algo bastante básico: no puede fabricarse sin los materiales que necesita. Pensemos en un motor capaz de soportar temperaturas extremas o en las máquinas que intervienen en la producción de chips. Detrás de esa ingeniería hay sustancias que cumplen funciones muy concretas y que, llegado el caso, no siempre pueden sustituirse sin más. La cuestión deja de parecer un detalle técnico cuando el acceso a una de ellas depende de decisiones tomadas a miles de kilómetros de la fábrica.
Una cuenta atrás en Japón. Ese problema tiene ya un nombre: itrio, un metal de las tierras raras del que depende una parte de la industria japonesa. Según Financial Times, los inventarios están disminuyendo y podrían resultar insuficientes en cuestión de meses, salvo que China facilite las exportaciones o aparezcan suministros alternativos. La preocupación ha llevado a Tokio a solicitar ayuda a Washington para que intervenga ante Pekín, según personas conocedoras de esas gestiones citadas por el periódico. Por ahora, hablamos de una advertencia sobre el abastecimiento, no de un agotamiento consumado.
Un metal con aplicaciones muy concretas. El itrio pertenece al grupo de las tierras raras, aunque buena parte de su importancia industrial reside en las propiedades de sus compuestos. El óxido de itrio, por ejemplo, se utiliza para estabilizar la zirconia de recubrimientos cerámicos que protegen determinados componentes de motores de aviación frente a temperaturas extremas. La zirconia estabilizada con itrio también se emplea en determinados sensores de oxígeno de automóviles, mientras que el óxido de itrio se utiliza en revestimientos de cámaras de grabado por plasma empleadas para fabricar semiconductores. Son funciones especializadas que ayudan a explicar por qué encontrar un sustituto no resulta tan sencillo.
El control comienza antes de la fábrica. Para comprender por qué Japón tiene tan poco margen, hay que mirar más atrás en la cadena de suministro. China ocupa una posición dominante tanto en la extracción como, sobre todo, en el procesamiento de tierras raras, según la Agencia Internacional de la Energía, lo que da a sus decisiones comerciales un alcance internacional. El 4 de abril de 2025, Pekín estableció controles de exportación sobre determinados productos de siete elementos de este grupo, incluido el itrio. Desde entonces, los exportadores chinos deben solicitar licencias para los productos afectados: no se trata de una prohibición general, pero la continuidad de los suministros queda condicionada a esas autorizaciones.
Las tensiones con Japón. A esta dependencia se suma un conflicto diplomático que se agravó en noviembre de 2025, cuando la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, planteó que un ataque chino contra Taiwán podría amenazar la supervivencia de Japón y desencadenar una respuesta militar. Pekín reaccionó y, el 6 de enero de 2026, prohibió exportar productos de doble uso a usuarios militares japoneses o para fines que pudieran reforzar sus capacidades militares. Posteriormente, amplió las restricciones a determinadas entidades y justificó las medidas como una forma de frenar lo que considera una remilitarización japonesa. Estas decisiones son distintas de los controles generales sobre el itrio, establecidos meses antes, aunque añaden tensión a las relaciones comerciales.
Los números reflejan una presión creciente. Las consecuencias de esta situación también empiezan a reflejarse en las estadísticas comerciales. Según datos de las aduanas chinas recogidos por AFP, las exportaciones de óxido de itrio a Japón se redujeron de 51.000 a 4.000 kilogramos entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026. A ello se suma una diferencia de precios considerable: según las valoraciones de Argus citadas por Financial Times, el kilogramo cuesta 1.150 dólares fuera de China, frente a nueve dentro del país asiático. El precio internacional, además, se ha multiplicado por 179 en los últimos dos años, de acuerdo con esas mismas valoraciones.
El riesgo de detener la producción. La preocupación no se limita al encarecimiento de una materia prima, sino a lo que podría ocurrir si las empresas dejan de recibirla en cantidades suficientes. Funcionarios japoneses y ejecutivos del sector consultados por Financial Times advierten de que la escasez podría comenzar a finales de 2026, con posibles consecuencias para la actividad industrial. Las compañías pueden recurrir a sus inventarios o intentar reducir el consumo, pero ambas soluciones tienen límites. De ahí que las autoridades japonesas estén preocupadas no solo por los próximos meses, sino también por cómo afrontar 2027.
Washington también depende de Japón. La petición de Tokio tiene una explicación que va más allá de la diplomacia: las cadenas de suministro estadounidenses, incluidas las de defensa, utilizan componentes fabricados en Japón que contienen itrio, según Financial Times. El Gobierno japonés ha trasladado su preocupación a las autoridades de Estados Unidos y a grandes empresas del país para conseguir que China facilite las exportaciones, de acuerdo con fuentes consultadas por el periódico. Reuters documentó además una reunión celebrada el 10 de septiembre de 2026 entre representantes estadounidenses y japoneses, con participación empresarial, para abordar los problemas de abastecimiento. Las gestiones ante Pekín responden, por tanto, a un riesgo industrial compartido, no exclusivamente japonés.
La solución exige más que acuerdos. Las conversaciones con Pekín podrían aliviar la situación si permiten aumentar los envíos, pero las otras opciones que menciona Financial Times, como localizar reservas adicionales o encontrar sustitutos, tampoco están garantizadas. Cada aplicación exige propiedades determinadas, y disponer de una fuente alternativa no implica que pueda suministrar las cantidades necesarias de inmediato. Japón necesita, por tanto, atender dos horizontes distintos: el de las fábricas que deben seguir funcionando en los próximos meses y el de una dependencia que seguirá ahí aunque esta escasez termine remitiendo.
Imagen | Agencia de Adquisiciones, Tecnología y Logística de Japón (ATLA).

