Pocos relojes están pensados por y para jugadores de pádel. Este es uno de ellos, y lo he probado

Qué tendremos los jugadores de pádel para que los relojes inteligentes no nos dejen monitorizar nuestros partidos. Esa misma pregunta me la hacía allá por 2021, hace cinco años, y la película no es que sea muy diferente a día de hoy. A pesar de que el pádel es un deporte extremadamente popular, pocas, casi ninguna, son las marcas que se acuerdan de los que disfrutamos de este deporte, y las que se acuerdan tienen modos de pádel que no aportan ninguna información útil.

Entonces llegó el MWC y allí descubrí a Mibro, una marca china de relojes inteligentes que busca diferenciarse justo ahí, en el pádel. Reconocieron abiertamente que no es que el pádel esté ganando popularidad en China, sino que quieren usar este deporte para introducirse en Europa. Y claro, como alguien que lleva jugando al pádel desde pequeño, me picaba la curiosidad, así que decidí probar uno de sus relojes en mi propia muñeca.

Durante estas últimas semanas he estado usando el Mibro GS Pro2 durante mis partidos y clases de pádel, y esta ha sido mi experiencia.

Derecha, revés, bandeja, chiquita al pie

Como reloj inteligente, el Mibro GS 2 Pro cumple con casi todos los apartados. Es grandote, pero cómodo; la pantalla se ve bien, la batería aguanta dos semanas con total tranquilidad y permite recibir notificaciones, llamadas, etc. Tiene, no obstante, tres problemas:

El sistema operativo, que es un RTOS, se mueve con cierta pereza y responde un poco lento a los toques y gestos.
Tiene algún problema de conectividad con el móvil que hace que dejen de entrar notificaciones en momentos puntuales.
Carece de funciones avanzadas como ECG o pagos móviles, algo que tampoco es criticable en tanto que vale 140 euros.
Tiene serios problemas de traducción al español, tanto en la app como en el reloj.
¿Parte positiva? El problema del rendimiento, la conectividad y la app podrían arreglarse con una actualización de software, no es algo que me preocupe en absoluto. Sea como fuere, aquí hemos venido a hablar de pádel, así que vamos al lío.

Cuando entramos en pista y activamos el modo pádel, lo primero que tenemos que hacer es ponernos el reloj en la misma muñeca que la mano con la que sujetamos la pala. Yo siempre llevo el reloj en la muñeca izquierda, pero como soy diestro, la pala la sujeto con la derecha. Esto en tenis no tiene relevancia, en tanto que la raqueta no tiene ataduras en la muñeca, pero en pádel es diferente.

Una pala de pádel tiene una sujeción para la muñeca que evita que salga volando si la mano nos suda, se nos resbala a dar un golpe fuerte, etc. Esa sujeción va a la muñeca, justo donde tenemos el reloj. Si es una cuerdecita sin más no pasa nada, pero si la sujeción es más grande, como es mi caso, puede resultar un poco incómodo. Esto, no obstante, dependerá de la pala de cada uno.

Durante la sesión, el reloj mide en tiempo real el tipo de golpe y la velocidad con la que lo ejecutamos. Puedes verlo, de hecho, en vivo conforme juegas. Esto es bastante útil, sobre todo cuando el golpe define el punto. Te ayuda a saber si, quizá, te has venido arriba con la fuerza en un golpe defensivo. Esta información, bien gestionada, es útil, y me vais a permitir que me ponga en modo café para cafeteros.

Aunque el pádel parezca un deporte de darle muy fuerte a la bola, lo cierto es que no es así en absoluto. Por norma general, un golpe más flojito y bien definido es más útil que un golpe muy fuerte. El golpe flojito y bien puesto, de golpear en la pared o en la malla, genera más dificultad al rival. El golpe fuerte, sin embargo, suele dar más oportunidades. 

Todo depende del caso, sobra decir, pero si veis un partido de pádel profesional os daréis cuenta de que solo le zurran a la pelota cuando saben de sobra que la van a sacar por cuatro (por encima del cristal trasero), por tres (por el cristal lateral) o que se la van a traer (la bola golpea en el cristal contrario y vuelve a nuestro campo). Y de hecho, no hace falta zurrarle porque, de nuevo, es más una cuestión de técnica que de fuerza. Por lo demás, suelen usar golpes más “flojos” y con intención.

¿Y por qué os cuento esto? Porque yo, que voy a clases semanales, he encontrado muy útil revisar la velocidad aplicada a los golpes para descubrir qué hago bien y qué hago mal. Si estoy voleando en el revés y quiero que la bola vaya a la malla cruzada o profunda a la doble pared, un golpe fuerte me sirve de poco. Mejor uno flojito. Revisar la velocidad a la que he dado el golpe cuando me ha salido bien (o mal) me ayuda a ajustar futuros golpes y memorizar gestos. Unido al feedback del profesor en lo que a postura, posición y ritmo se refiere, es una información valiosa. 

El reloj detecta con bastante precisión el tipo de golpe y la dirección del mismo. En las capturas superiores podéis ver a la izquierda una clase de pádel enfocada a bandejas alternando turnos de derecha y revés; y a la derecha un partido (que perdimos, desgraciadamente) en el jugué de revés, ergo la proporción de golpes de derecha es superior, la proporción de bandejas es demasiado baja y la de globos demasiado alta. ¿Eso qué quiere decir? Que nos sacaban de la red con mucha facilidad, nos mantenían siempre al fondo y, por lo tanto, tuvimos poca capacidad de ataque.

La falta de contexto
Esta información es útil, pero si sabes jugar sabrás, con total seguridad, por qué has ganado o por qué has perdido. Es una cuestión de sensaciones. Saber que has dado más o menos cantidad de golpes está bien, pero lo realmente interesante sería cruzar esa información con la frecuencia cardíaca y su evolución a lo largo del partido. Vuelvo al modo café para cafeteros.

Mibro GS Pro2 | Imagen: Xataka

El pádel es un deporte muy técnico. El que os diga que el pádel no cansa es porque no sabe jugar, porque en el pádel nunca dejas de moverte. No es un deporte de brazos, sino de piernas. Tener una buena posición, hacer bien los gestos y saber cómo y dónde colocarte es vital a la hora de jugar. Y eso suena muy bien nada más empezar el partido, pero cuando llevas 40 minutos enquistado en un 6-5 con ventaja, iguales, ventaja, iguales, ya te digo yo que la técnica la mandas a freír espárragos por una cuestión simple: el cansancio.

Sería útil cruzar la información del tipo de golpe con la frecuencia cardíaca para, de esa manera, ver qué golpe solemos hacer cuando estamos más frescos y más cansados. Eso nos permite ver a partir de qué momento cometemos errores y mejorar desde ahí.

Saber que ganaste el primer set porque hiciste más voleas lentas y que perdiste el segundo porque hiciste muchos remates te da una pista de que estabas viniéndote demasiado arriba y que, al estar cansado, pierdes el control, buscas ganar los puntos rápido y optas por darle un castañazo a la bola que se va al cristal o se queda en la red.

Es decir, que el reloj es capaz de recopilar información útil, pero le hace falta terminar de digerirla para que su representación realmente lo sea. Tal y como yo lo veo, una gráfica en la que puedas ver la duración del partido en el eje X y el tipo de golpe que has dado y su velocidad media en el eje Y desglosado por minutos sería canela en rama. Ahí lo dejo como idea.

Si buscamos un reloj para controlar las sesiones de pádel, este es uno de los pocos capaces de recopilar información valiosa. Le falta, como decía, ese puntito de terminar de representarla de forma más útil, pero las bases son sólidas y están ahí. 

Como reloj inteligente, me parece solvente por su rango de precio. No es el mejor reloj, ni de lejos, pero marca casi todas las casillas. Por 140 euros hay dispositivos interesantes de marcas como Amazfit y Xiaomi que habría que tener en consideración, aunque claro, sin un modo pádel dedicado.

 

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