Sectores del PLD promueven un giro discursivo que rompa con la imagen de un partido atrapado por los escándalos de corrupción. Para ellos, la estrategia es pasar de la defensiva a la ofensiva y reivindicar los años de gestión peledeísta como carta de retorno al poder en 2028.
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) comienza a mostrar señales de reacomodo interno con miras a las elecciones de 2028.
En el centro de esta dinámica se coloca una nueva generación de dirigentes y militantes que ha decidido asumir un rol más protagónico. Ya no se trata de simples relevos generacionales, sino de cuadros políticos que reclaman a los llamados “viejos robles” un cambio de estrategia: pasar de la resistencia pasiva a la confrontación abierta.
El argumento es que el PLD debe salir a defender su obra de gobierno y hacerlo de manera agresiva si quiere volver a ser opción de poder.
La idea de que el PLD puede esperar a que el desgaste del gobierno actual abra automáticamente las puertas del Palacio Nacional es descartada. Para este sector, la única vía realista para arrebatar el poder es construyendo un discurso de confrontación que reivindique los años de gestión peledeísta y cuestione con dureza las promesas incumplidas de sus adversarios.
Escándalos como catalizadores
La coyuntura ofrece a este sector un terreno fértil para crecer. Los escándalos recientes en distintas áreas del Estado, el déficit millonario en Senasa, el caso Camaleón que involucra al exdirector del Intrant, Hugo Beras, o la Operación 13, son vistos como ejemplos claros de que el discurso del cambio ha quedado en entredicho.
La narrativa que buscan instalar es que esas irregularidades son fallas individuales y no problemas estructurales de partido, desmontando la idea de que el PLD fue la única organización marcada por la corrupción.

