“Era la alegría de este hogar”: familiares lloran la muerte de joven ultimada en Los Guandules

En la sala humilde donde hoy pesa el silencio, Perla Jokasta Santos Pacheco, la joven ultimada en Los Guandules, sigue presente en cada foto, en cada recuerdo, en cada palabra quebrada de su familia. Tenía 19 años. Tenía sueños y una vida entera por delante.

“Mi niña era alegre, ejemplar. Todo el mundo quería a mi nieta”, dice su abuela, Eugenia Lorenzo, mientras muestra una imagen de su nieta como si con eso pudiera protegerla todavía. La voz se le quiebra, pero no se detiene. “Tenía derecho a salir a camino. No se merecía una muerte así”.

Para Eugenia, Perla no era solo una nieta: era la luz de la casa, la que cuidaba, la que ayudaba, la que sostenía. “Ella estaba empezando su vida. Con deseos de vivir.”, repite, como quien intenta convencer al mundo de algo que jamás debió ponerse en duda.

Perla había terminado la escuela y soñaba con ser abogada criminalista. Quería formarse, entender la ley, ayudar. “Ella quería estudiar, ella quería ser alguien”, recuerda su abuela. Pero ese futuro quedó truncado de forma violenta.

Casa donde vivía Perla y viven los hermanos y madre de Perla. (STEVEN CURIEL)

La que cuidaba a todos

Además de estudiar, Perla cargaba una responsabilidad enorme para su edad. Era quien atendía a sus dos hermanos menores, uno de ellos con condición especial, para que su madre pudiera trabajar.

 

 

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *