En Afganistán, un hospital es la última esperanza para madres de niños con desnutrición

“Nadie puede imaginar lo que estoy pasando”: en una sala de cuidados intensivos, Najiba, de 24 años, vigila sin descanso a su bebé Artiya, uno de los cerca de cuatro millones de niños en riesgo de morir de desnutrición este año en Afganistán.

La joven de grandes ojos negros, que prefiere no revelar su apellido, llegó hace varias semanas a la unidad pediátrica del hospital regional de Herat, una gran ciudad del oeste afgano. Ella y su esposo habían perdido casi toda esperanza.

Los cuidadores de la oenegé Médicos Sin Fronteras (MSF), que apoyan ese centro hospitalario público, la acogieron de urgencia, junto con Artiya, en su centro nutricional terapéutico.

En las paredes, dibujos coloridos de globos y flores intentan devolver un poco de alegría a las decenas de niños que yacen en las camillas.

Las madres, que se enfrentan a la indescriptible prueba de no poder alimentar suficientemente a sus hijos, reciben apoyo psicológico.

“En 2025, ya habíamos registrado el mayor aumento de la desnutrición infantil” en Afganistán desde principios del siglo XXI, indica a la AFP el director del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en ese país, John Aylieff.

El aumento continuará en 2026, añade, cuando “casi cuatro millones de niños necesitarán tratamiento por desnutrición, ¡es abrumador!”. “Estos niños morirán si no reciben tratamiento”. 

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