El Distrito Nacional no se inundó tras el paso de la tormenta Melissa: ¿Buena gestión o simple suerte?

El Distrito Nacional salió airoso tras el paso de la tormenta Melissa. A diferencia de episodios anteriores donde una llovizna bastaba para convertir avenidas en ríos improvisados, esta vez no vimos las escenas dramáticas de vehículos flotando ni familias atrapadas en techos pidiendo auxilio. Las calles drenaron con rapidez y el caos que históricamente acompañaba estos fenómenos no apareció con la magnitud acostumbrada.

¿Significa esto que la ciudad está finalmente preparada? No del todo. Pero tampoco es casualidad.

Hay que reconocer que la gestión del drenaje pluvial y las intervenciones en puntos críticos de la capital empiezan a dar señales positivas. Sectores históricamente vulnerables, como Naco, Ensanche Luperón y la zona de Villa Consuelo, no vivieron el colapso absoluto que conocimos en tormentas recientes. Los trabajos de limpieza, canalización y la atención municipal previa al evento meteorológico jugaron su papel.

Sin embargo, sería ingenuo atribuirlo todo a eficiencia estatal. También hubo un factor determinante: la naturaleza fue relativamente benigna con el Distrito Nacional, pues aunque llovió, el nivel de acumulación no fue tan devastador como en otras demarcaciones donde sí se reportaron inundaciones y daños significativos.

Esto no es momento para dormirse en los laureles. La ciudad sigue teniendo zonas vulnerables, infraestructuras deficientes y sistemas que dependen más del buen clima que de la ingeniería moderna. Lo ocurrido debe verse como una señal alentadora, no como la meta cumplida.

Si algo nos enseñó Melissa es que el trabajo preventivo suma —pero también que la capital aún necesita inversión sostenida, planificación seria y una cultura ciudadana que acompañe la gestión pública. Basura en las calles y construcciones improvisadas siguen siendo enemigos silenciosos.

Por ahora, el Distrito Nacional puede apuntarse una victoria. Pequeña, sí, pero importante.

La verdadera prueba vendrá con el próximo evento climático. Y ahí sabremos si esto fue gestión… o solo suerte con fecha de vencimiento.

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