Cuando el día apenas empieza, a las 5:30 de la madrugada, los agentes de tránsito ya están desplegados en las calles. Es el inicio del primer turno de una jornada que se extiende hasta las 2:00 de la tarde y que se repite todos los días, sin importar la intensidad del sol o de la lluvia. Su labor no se detiene.
Para los agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) el día transcurre respirando dióxido de carbono en medio del ruido constante de las bocinas que truenan y los vehículos que van y vienen. De pie, durante largas horas, con el uniforme verde y el silbato colgando del cuello, trabajan para agilizar la circulación vehicular y mantener el orden en las calles del Gran Santo Domingo.
En ese escenario surgen los roces con los ciudadanos. Conductores que violan el semáforo en rojo, motoristas que circulan sin casco y a toda velocidad, choferes del transporte público que se detienen donde no deben, camioneros que se imponen girando desde carriles que no les corresponden y yipetas de lujo que no ceden el paso a nadie.
En algunos casos, basta con una simple orientación y en otros, el agente debe aplicar la ley: coloca una multa, asume el enojo del conductor y sigue adelante. Se dice fácil pero la realidad es otra, ellos reciben todo tipo de insultos.
“Nos agreden verbalmente, nos faltan el respeto, no dicen palabras obscenas”, relata uno de ellos.

