El alcalde de Nueva York Eric Adams, que el domingo arrojó la toalla en sus intentos por ser reelegido, no ha podido resistir la enorme presión que recibía desde todos los sectores de su propio partido (el Demócrata) ante unos sondeos electorales que lo situaban en cifras de popularidad de menos del 10 %.
La gestión de la oleada migratoria (Nueva York llegó a recibir más de 200,000 inmigrantes entre 2022 y 2023, lo que dio “munición” a Donald Trump) más los casos de corrupción en que se vio envuelto por sus tratos en favor a empresas turcas en Nueva York a cambio de lujosas vacaciones en destinos de ese país, terminaron hundiendo su imagen y sepultando su popularidad.
Pero la imagen de Adams ya venía maltrecha: su larga carrera como oficial de policía y sus proclamas constantes por la ley y el orden, más su afición por los trajes caros y por los restaurantes de lujo casaban mal con el ideario de su partido que se reinventaba en tiempos del Black Lives Matter.

