Entre los comentarios del informe de la evaluación PISA 2025, se puede leer: “Al mismo tiempo, más allá de cierto umbral de gasto, un mayor gasto por estudiante no se relaciona automáticamente con mejores resultados en las evaluaciones. Para que el aumento del gasto se traduzca en mejoras en la educación, debe estar acompañado de una asignación y un uso eficaces de los recursos financieros.”
En un estudio del 2024 de McKinsey and Company (Impulsar y sostener: Cómo los sistemas escolares del mundo pueden mejorar el aprendizaje a gran escala) los resultados muestran la gran disparidad que existe entre países con el mismo gasto por estudiante. De cinco niveles de rendimiento posibles, Vietnam y Turquía se encuentran a tres por encima de la República Dominicana. Estando los tres en el mismo rango de gasto. Albania, China, México y Uruguay están a dos niveles por encima. Entre los 18 países con igual rango de gasto, la República Dominicana ocupa el lugar número 17.
Desde antes de gastar el 4 % del producto interno bruto (PIB), el sistema educativo no funcionaba; pero no por falta de recursos. En conjunto, faltaba el componente de eficacia que mencionan los autores de la evaluación PISA, y que ya otros expertos habían señalado desde antes del 2013. La evidencia ya la teníamos. No era asunto de gastar más. Los resultados educativos del país no se correspondían con el incremento en el gasto que, entre 2006 y 2012, creció un 97 %, ajustado por inflación.

En el 2026 se cumplen 14 años del 4 % y más de 50,000 millones de dólares gastados para educación preuniversitaria. Los resultados de los estudiantes, formados bajo ese 4 %, demuestran que poco se ha avanzado. Dentro de la región, seguimos ocupando los últimos puestos en PISA.
El sistema educativo no deja de ser noticia. No abandona los medios de comunicación y no solo por resultados de PISA. Exigencias y paros de clases por parte de los docentes. Grupos de la sociedad opuestos entre sí por el contenido del currículo escolar. Condiciones físicas de los planteles. Resultados de los estudiantes en otras evaluaciones internacionales. Aunque no son todos, los anteriores representan varios de los elementos más comunes que nos recuerdan que la educación ocupa constante atención de la sociedad civil de la República Dominicana.
Debería ser una obviedad, que ya es evidente que el gasto no era el problema, y que debemos de movernos a un sistema más eficiente. ¿Cómo lograrlo? Alineando el interés de los padres, y quienes financian el sistema público (los contribuyentes), con los resultados educativos que muestran los niños y adolescentes.
Los profesores y los empleados del sistema educativo público no responden a los padres. Lo hacen a políticos, funcionarios y a dirigentes sindicales. Es un problema de agencia. Sucede en diferentes ámbitos organizativos, pero es más notorio en el sector público.
Existe un problema de agencia cuando el agente no responde como lo espera el principal. O, como suele suceder en la educación, el principal (el conjunto de políticos y funcionarios) no tiene el mismo interés que los padres, o que los contribuyentes, para que el resultado de los agentes (empleados y profesores) se traduzca en mejor desempeño de los estudiantes.
El “debemos mejorar la calidad de la educación” y el “hay que maximizar los recursos gastados” amerita de un sistema que pueda alinear lo que quieren los padres, demanda la comunidad y lo que merecen los estudiantes. La discusión debe moverse del viejo “gastar recursos” a “permitir que los padres gasten esos recursos”, para que puedan elegir la mejor educación que ellos consideren, bajo competencia, para sus hijos.
Convencernos de sacar la educación del ámbito de la política puede que tome tiempo. Mientras no lo hagamos, la misma educación nos mantendrá ocupados hablando de ella y sus problemas.
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Una colaboración del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees).

