La ciudad de Pekín ha endurecido aún más su normativa sobre drones prohibiendo no solo su uso sino también su posesión y almacenamiento, una medida que se impone tres meses después de que una avioneta de entrenamiento se estrellara contra el rascacielos más alto de la capital, en teoría una de las más blindadas del mundo.
Esta decisión, que choca con el papel de China como mayor productor mundial de drones y cuna de empresas insignia del sector como DJI, fue divulgada el domingo a través de la página web del Gobierno municipal de Pekín y entrará en vigor el próximo 15 de noviembre.
La seguridad del espacio aéreo de la capital se encuentra en el centro de la normativa, que busca “reforzar de forma efectiva las defensas de seguridad” de la ciudad después de que el incidente aéreo las pusiera en entredicho, pero no afecta ni a la aviación comercial ni a las operaciones de rescate de emergencias.

