El oro y la plata protagonizaron este jueves una de las jornadas más volátiles de las últimas décadas, con el precio del oro oscilando cerca de US$500 por onza, la mayor variación intradía desde abril de 2013, según Dow Jones Market Data.
El metal precioso alcanzó un máximo cercano a US$5,600 por onza en las primeras operaciones, antes de desplomarse hasta alrededor de US$5,100, borrando un estimado de US$3.4 billones en valor de mercado antes de lograr una recuperación parcial hacia el cierre.
La variación de 9.4 puntos porcentuales entre el máximo y el mínimo del día sorprendió a los inversionistas, especialmente tras un período en el que el oro casi duplicó su precio en los últimos doce meses, impulsado por tensiones geopolíticas, compras de bancos centrales y apuestas contra las monedas fiduciarias.
Una tormenta perfecta de presión vendedora
La caída se desarrolló como una cascada de tomas de ganancias, activación masiva de órdenes automáticas de stop-loss y liquidaciones forzadas en los mercados de futuros altamente apalancados.
La plata sufrió un golpe aún más severo, desplomándose 11.9%, desde niveles superiores a US$121 por onza hasta cerca de US$107, antes de rebotar.
“El problema es la volatilidad alimentándose a sí misma”, explicó Ole Hansen, analista de materias primas en Saxo Bank. “Cuando la liquidez se adelgaza, los bancos y creadores de mercado reducen su exposición y la volatilidad explota”.
En la misma línea, Simon Biddle, jefe de metales preciosos del bróker Tullet Prebon, advirtió que los bancos están asumiendo menos riesgo, reduciendo la profundidad del mercado en momentos críticos.
Contagio desde Wall Street
La venta masiva coincidió con una fuerte corrección en el sector tecnológico. Las acciones de Microsoft cayeron 10%tras presentar resultados trimestrales que generaron dudas sobre la desaceleración del crecimiento de Azure y el elevado gasto en inteligencia artificial.
La compañía perdió aproximadamente US$357,000 millones en capitalización bursátil, su mayor caída diaria histórica, intensificando el nerviosismo global y forzando a muchos operadores a liquidar posiciones en activos líquidos, incluidos los metales preciosos.
La Fed y la fragilidad del mercado
La extrema volatilidad se produjo un día después de que la Reserva Federal de Estados Unidos mantuviera las tasas de interés en el rango de 3.5%–3.75%, reiterando que no prevé recortes al menos hasta junio.
Aunque la decisión fue ampliamente anticipada, los metales se dispararon tras la rueda de prensa de Jerome Powell, con el oro subiendo 5% hasta un récord de US$5,602.
“Explicar el repunte posterior al FOMC fue complejo”, señaló un análisis de mercado. “La reacción sugirió que la operación de cobertura contra la devaluación se estaba descontrolando”.
Durante la sesión, Bitcoin también cayó más de 5%, hasta alrededor de US$84,000, reflejando salidas generalizadas para cubrir llamadas de margen.
Un mes histórico que se mantiene
Pese al desplome, enero se perfila como un mes histórico. El oro acumula una subida cercana al 24%, encaminándose a su mejor ganancia mensual desde la década de 1980. La plata registra un avance superior al 60%, su mejor desempeño mensual desde diciembre de 1979.
En renta variable, el S&P 500 cerró con una caída marginal de 0.1%, mientras el Nasdaq Composite retrocedió 0.7%, tras fuertes oscilaciones intradía.
Al cierre, el oro volvió a superar los US$5,300 y la plata se estabilizó cerca de US$115. Los analistas permanecen divididos sobre si el episodio representa una saludable purga de apalancamiento o una señal temprana de mayor fragilidad financiera global.

