Por Manuel Santos Mercedes
Santo Domingo, R.D. – En un contexto internacional marcado por la desaceleración económica, tensiones geopolíticas y choques de oferta, las remesas enviadas por los dominicanos residentes en el exterior se consolidaron como uno de los principales pilares que sostuvieron el crecimiento económico de la República Dominicana durante el año 2025, contribuyendo de manera decisiva a la estabilidad macroeconómica del país.
De acuerdo con datos oficiales del Banco Central de la República Dominicana (BCRD), la economía nacional registró un crecimiento de 2.1 % en 2025, impulsado principalmente por los sectores agropecuario y minero, así como por los servicios de intermediación financiera y el turismo, particularmente hoteles, bares y restaurantes. No obstante, detrás de este desempeño moderado, las remesas jugaron un rol clave como fuente estable de divisas y soporte al consumo interno.
Al cierre de 2025, las remesas alcanzaron un récord histórico de US$11,866.3 millones, lo que representa un crecimiento interanual de 10.3 %, reflejando no solo la resiliencia de la diáspora dominicana, sino también su compromiso sostenido con la economía nacional. Estos recursos impactaron directamente en el gasto de los hogares, la reducción de la pobreza y la dinamización de sectores como el comercio, la construcción y los servicios.
El BCRD destacó que, junto a las remesas, las exportaciones totales ascendieron a US$15,930.6 millones, con un crecimiento de 14.4 %, fortaleciendo el flujo de divisas hacia la economía. Este buen desempeño de las actividades generadoras de ingresos externos permitió mantener una estabilidad relativa del tipo de cambio, con una depreciación interanual de apenas 3.1 % en 2025 y de alrededor de 2.0 % en enero de 2026.
Asimismo, las reservas internacionales cerraron el año en aproximadamente US$14,700 millones, equivalentes a más del 11 % del Producto Interno Bruto (PIB) y a cinco meses de importaciones, superando ampliamente las métricas recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este colchón financiero fortaleció la capacidad del país para enfrentar choques externos y preservar la confianza de los agentes económicos.
En materia de precios, la inflación interanual se ubicó en 4.95 % en diciembre de 2025, dentro del rango meta establecido por la autoridad monetaria (4.0 % ± 1.0 %). Sin embargo, el Banco Central advirtió que los precios de los alimentos continuaron presionados por factores externos a la política monetaria, como eventos climáticos que afectaron la producción agropecuaria,
incidiendo también en la inflación subyacente, que cerró en 4.85 % interanual.
El entorno financiero mostró señales claras de alivio. La tasa de interés interbancaria descendió significativamente, pasando de un máximo de 12.6 % en junio de 2025 a 7.1 % anual en enero de 2026. De igual forma, la tasa pasiva promedio ponderada de la banca múltiple cayó de 9.6 % a 5.9 %, mientras que la tasa activa se redujo de 15.2 % a 13.5 %, facilitando el acceso al crédito.
En ese contexto, el crédito al sector privado en moneda nacional registró un crecimiento interanual cercano al 8 % en enero, impulsado principalmente por los préstamos a los sectores productivos, mientras que los agregados monetarios continuaron expandiéndose a tasas superiores al crecimiento del PIB nominal.
De cara al futuro, el Banco Central proyecta una recuperación gradual de la actividad económica, con una expansión estimada en torno al 4.0 % para el año 2026, sustentada en un mayor ritmo de ejecución de la inversión pública y en condiciones financieras más favorables.
En definitiva, aunque el crecimiento económico de 2025 fue moderado, las remesas se erigieron como un verdadero salvavidas económico, amortiguando los efectos de la desaceleración, fortaleciendo la estabilidad cambiaria y reafirmando el rol estratégico de la diáspora dominicana en el desarrollo económico nacional.

